Opera Konsert. Logotipo

Producciones

Presentación

Opera en dos actos
Libreto: Lorenzo Da Ponte
Música: W.A.Mozart
Estreno: Viena el 26 de enero de 1790


Una mirada lúcida sobre la condición humana


“La fidelidad de la mujeres
es como el fénix árabe:
que existe, todo el mundo lo dice;
donde está, nadie lo sabe…”

“En el mar labra y en la arena siembra
y el movido viento espera recoger en la red
quien funda sus esperanzas
en el corazón de una mujer…”
(Don Alfonso, en “Cosi fan tutte”)

“Es de vidrio la mujer;
pero no se ha de probar
si se puede o no quebrar,
porque todo podría ser.
Y es más fácil el quebrarse
Y no es cordura ponerse
a peligro de romperse
lo que no puede soldarse…”
(“El curioso impertinente”
“Don Quijote”. Cervantes)


Repasando la correspondencia de Mozart se desprende que el año 1789 no fue precisamente un periodo venturoso en la vida del compositor. A los ya habituales problemas económicos, que conllevan una constante y humillante petición de ayuda a su benefactor Michael Puchberg, se une la enfermedad de su mujer y la constatación de la excesiva “ligereza” de Constanze en el aspecto afectivo. Y sin embargo, en medio de todas las desdichas, el genio del salzburgués saca a la luz una de las piezas más luminosas de su catálogo: el Quinteto para clarinete y cuerdas en la mayor.K  581, escrito en septiembre para su amigo clarinetista, y compañero de logia, Antón Standler, donde la música parece sonreír a través de las lágrimas. Mozart se encuentra ya trabajando en Cosí y necesita poner un contrapunto de frescura que afirme, frente a la temática cruel de la ópera que pone en cuestión el candor de las ilusiones sentimentales, la primacía de los sentimientos del corazón. El clarinete pasa a ser el instrumento predilecto de Mozart, que adquiere especial relevancia en las postreras composiciones del autor: Cosi fan tutte (K. 588) La flauta mágina (K. 620) y La Clemenza di Tito (K. 621). No en vano el clarinete será el protagonista de su última composición para instrumento solista, el Concierto para Clarinete en la mayor, K. 622, uno de los últimos mensajes mozartianos de desprendimiento, alegría y amor, donde la fraternal ternura que se percibía en el Quinteto se hace más comunicativa y la luz vence de nuevo en su lucha con las tinieblas.


No termina por aclararse con rotundidad el origen preciso del Cosi fan tutte. La leyenda sostiene que fue el mismo emperador José II el que impuso el tema de la nueva ópera, que lleva el sugerente subtítulo de “La escuela de los amantes”. Según esa opinión, sin demasiado fundamento, la trama se basaba en un hecho real acaecido en Viena, donde se había producido un escandaloso doble cambio de pareja. En sentido contrario, en cuanto al tema propuesto, se encuentra el testimonio del propio Mozart que, unos años antes, describía a su padre el proyecto de colaborar con el capellán de la corte de Salzburgo, Giovanni Battista Varesco (que había sido libretista de  Idomeneo, Rey de Creta) para una ópera cómica que podría ser semilla de Cosi. Por otra parte, el culto libretista Lorenzo Da Ponte no debería desconocer los antecedentes literarios y musicales del tema, de los que citaremos algunos: “La commedia dell arte” había incluido en su repertorio una escena en la que se producía un cambio de pareja, derivado del engaño o de la deliberada preferencia: no parece muy casual que en el “Orlando Fusioso” de Ludovico Ariosto aparezcan los nombres de Fiordiligi, Doralicia y Fiordespina; Cervantes había tratado, en el episodio de “El curioso impertinente”, el uso del disfraz para averiguar la fidelidad de la mujer. Y sobre todo y mucho más cerca en el tiempo, en el año 1785, se había representado en Viena la ópera de Salieri “La grotta di Trofonio”, donde se realiza un cambio de parejas por el influjo del hechizo de un mago.


Anécdotas a margen lo que sucede realmente es que, tras la triunfal reposición de Las Bodas de Fígaro en Viena, en agosto de 1779, Mozart recibe el encargo de una nueva ópera que sería  Cosi fan tutte. Culmina así la trilogía de óperas realizadas en colaboración por el tándem Da Ponte-Mozart que, sin duda, elevó el género a unas cotas celestiales. Dos curiosidades al respecto: Le nosse de Fígaro y Don Giovanni tienen su origen en obras anteriores adaptadas, mientras que Cosi fan tutte es completamente original. Por otra parte, a pesar de la asombrosa compenetración conseguida por libretista y músico, ambos creadores ya no volvieron a colaborar en el futuro.

El estreno de Cosi, con el propio Mozart dirigiendo, se produjo en Viena el 26 de enero de 1790, recibiendo una buena acogida. Sin embargo el destino asoma de nuevo, de manera negativa, y la ópera se retira con muy pocas representaciones debido al luto decretado por la muerte del emperador, que conllevó al cierre temporal de teatros. Por otra parte la condición de masón de Mozart le supuso un serio hándicap ante el nuevo Emperador Leopoldo II y esto, unido a la desconfianza hacia el libreto, con un juicio muy peyorativo hacia el argumento que se llegó a tildar de miserable e impropio de que Mozart se prestara a ponerle música, hizo que la obra sufriera un inmerecido olvido durante todo el siglo XIX, llegando al extremo de sufrir cortes y disparatadas alteraciones. La aceptación por parte del público de esta auténtica obra maestra del genio, y la aprehensión de sus excelencias, he tenido lugar en los tiempos más recientes.


La paradoja es que se ha acusado al texto de Da Ponte con los más despectivos epítetos – inverosímil, inconsistente, convencional, amoral, fútil – cuando se trata probablemente de uno de los mejores libretos de ópera, precisamente por su simplicidad, que no simpleza, y su perfecto desarrollo. Aquí no existen escenas “de relleno”, como ocurría en Las Bodas o Don Giovanni, y el conjunto ensambla perfectamente todas las partes. En escena se va a desarrollar un experimento en el que intervienen dos parejas de enamorados. Para dar mayor legitimidad a la prueba y poder dotarla de valor universal, los personajes se presentan desprovistos de contextos concretos familiares, sociales y temporales. Un filósofo escéptico, ayudado por las argucias de una hábil sirvienta, pretende demostrar la validez de un teorema: las mujeres son veleidosas en cuestión de amores.


La trama comienza con una discusión sobre la compatibilidad de las cualidades femeninas de la honestidad y la belleza que, según Ferrando y Guglielmo, adornan a sus respectivas enamoradas Fiordiligi y Dorabella. Don Alfonso, niega el aserto y les propone una apuesta para demostrar que, a lo largo de una jornada, las damas cambiarán de pretendiente. La apuesta se realiza y a partir de entonces los cuatro enamorados pasan a ser marionetas movidas por los hilos que maneja don Alfonso ayudado por Despina, sirvienta de las damas. La prueba entraña un grave riesgo para los cuatro, sobre todo para los varones que se someten voluntariamente a la misma, pues el conocimiento de la verdad puede resultar muy doloroso. Efectivamente el resultado del experimento da razón a don Alfonso, lo que muestra la condición humana y la fragilidad de sus convicciones. Sin embargo los autores de la obra no se quedan enana visión pesimista y negativa y quieren abrir una puerta a la esperanza, por lo que la ópera termina con un sexteto maravilloso en el que, junto a la excelencia de la música, los seis personajes cantan todos juntos y expresan un mensaje inequívoco de tolerancia y amor:

“qué afortunado es el hombre / que mira el lado bueno de las cosas /
y trata en toda circunstancia / de guiarse por la razón /
Lo que a unos hace llorar / es motivo de risa /
Y en medio de las turbulencias de este mundo / hallará la perfecta paz”.
El extremado refinamiento de la música de Mozart, que alcanza el último estadio de su perfección en esta auténtica sinfonía concertante instrumental y vocal, impregna de manera asombrosa a los seis personajes y logra el milagro de que aparentes marionetas se transformen en seres palpitantes que nos hacen partícipes de sus avatares y de su estremecimiento amoroso. Se ha llegado a decir, por reputados mozartianos, que en Cosi Mozart aporta, de su propia cosecha, un séptimo personaje que conforma toda la ópera: la orquesta. Parece como si quisiera mostrar, con una música que va más allá del texto, un cierto desacuerdo con la idea original de la ópera, que confirmaría la tesis antes citada de que le fue impuesta. La instrumentación, que plasma en momentos una cálida atmósfera mediterránea, es muy rica e imaginativa en el uso de los instrumentos de viento y se percibe, en relación con Las Bodas y Don Giovanni, un mayor equilibrio entre los personajes y los números asignados a cada uno.

El extremado refinamiento de la música de Mozart, que alcanza el último estadio de su perfección en esta auténtica sinfonía concertante instrumental y vocal, impregna de manera asombrosa a los seis personajes y logra el milagro de que aparentes marionetas se transformen en seres palpitantes que nos hacen partícipes de sus avatares y de su estremecimiento amoroso. Se ha llegado a decir, por reputados mozartianos, que en Cosi Mozart aporta, de su propia cosecha, un séptimo personaje que conforma toda la ópera: la orquesta. Parece como si quisiera mostrar, con una música que va más allá del texto, un cierto desacuerdo con la idea original de la ópera, que confirmaría la tesis antes citada de que le fue impuesta. La instrumentación, que plasma en momentos una cálida atmósfera mediterránea, es muy rica e imaginativa en el uso de los instrumentos de viento y se percibe, en relación con Las Bodas y Don Giovanni, un mayor equilibrio entre los personajes y los números asignados a cada uno.


Mozart se encuentra en la cima de su inagotable inventiva melódica y nos ofrece una variada cadena de ideas musicales cuya elaboración presenta la textura exquisita que corresponde a la música de cámara. Como un valor añadido a sus demás cualidades, en la obra tiene un papel privilegiado los conjuntos vocales. Tras la obertura, todo el caudal creativo del autor se va desarrollando en un nivel sobresaliente a lo largo de once arias, seis duetos, cinco tercetos, dos quintetos, un sexteto y dos grandes finales, incluyendo todas las combinaciones posibles de voces (hecho facilitado por el intercambio de los amantes en las dos situaciones distintas que se producen: voces agudas y graves juntas, en un caso, o cruzadas en las situación contraria).


Cosi supone la máxima depuración del estilo operístico de Mozart. Desde la chispeante Obertura, un presto un  andante introductoria en donde aparece la frase musical que da título a la obra, hasta la maravillosa serenata para instrumentos de vientos que acompañan al dúo “secondante, aurette amiche…”, y el ilustrativo coro  “Bella vita militar…”. Desde las arias cómicas de Despina, “In nomini, in soldati, sperare fidelità…” y “Una donna a quindici anni…”, en los que la bribona sirvienta expone sus teorías sobre la naturaleza y la práctica del amor (son como el reverso de las tesis de viejo filósofo), a la cavatina de don Alfonso “Tutti accusan le donne…”, que exalta la victoria de su teoría y que concluye con el coro que repite acompañado de los desengañados amantes “Cossì fan tutte…”. Qué decir del dueto de las dos hermanas “Ah, guarda sorella…”, ejemplo canónico de un metodismo de insuperable elegancia, potenciado por el timbre nostálgico de la pareja de clarinetes; del aria “Un aura amorosa…”, delicada en extremo, y en la que Ferrando sólo quiere alimentarse del amor; del sublime trío “Suave sia il vento…”, donde la música de Mozart recuerda su estancia en Nápoles, y en el que Fiordiligi, Dorabella y don Alfonso imploran a los elementos para que sea feliz el viaje de los tiernos amantes. Por no citar la perfección de sus dos grandes finales de los actos, donde brilla con mayor claridad su abierta inspiración sinfónica y en los que el continuum musical une las diversas piezas que van evolucionando en progresión numérica creciente (dúos, triós,…).


El mago Mozart realiza juegos malabares pues consigue que la digna Dorabella, que al comienzo de la obra espera ofrecerse pronto a las Euménides como ejemplo de amor fatal, como afirma en su bella aria “Smanie implacabili, che m’agitate…”, cante después con Guglielmo el dueto “Il core vi dono…” y el aria “E amore un ladroncello…” (clara metáfora de Eros), en la que indica a su hermana que es imposible resistirse a los caprichos del amor. Y más ilustrativo si cabe es el caso de su hermana Fiordiligi, que primero canta un aria de bravura de gran dificultad, “Come scoglio immote…”, afirmando la fidelidad inquebrantable y el amor a un solo hombre y posteriormente también se ve obligada a cantar el aria “Per pietá, ben mio, perdona…” y el dúo con Ferrando “Fra gli amplessi…”, que culmina con una completa claudicación al nuevo pretendiente.

Previamente, como paso intermedio que explica este cambio radical, las hermanas has aceptado el juego que les propone Despina y entonan el sugerente dúo “Prendero quel brunettino…”, donde curiosamente se va a producir el cambio de las parejas, que ahora eligen de manera voluntaria las damas guiadas por sus sentimientos que parecen auténticos. Es decir las dos mujeres que son “víctimas” de una siniestra broma, de una intriga indigna en la que participan sus respectivos prometidos, se transforman en “victimarias” del torpe sentido del honor de aquéllos.


Così es la más radical de las obras de Mozart y sin duda sugiere muchas lecturas. Es una pieza didáctica que, con un ropaje festivo de teatro de títeres, no se queda en la superficialidad de la mera anécdota de la fidelidad de los amantes, sino que nos invita a reflexionar sobre cuestiones esenciales de la naturaleza humana. Porque el fuego que se desarrolla en escena, más allá de las desavenencias cómicas de las parejas y su posterior y paradójica reconciliación, plantea la relación de la verdad con la realidad. Ha bastado cambiar las condiciones del entorno para mostrar que el amor puede ser transferible y sus objetos intercambiables. Cuando los personajes cantan  “…y que no quede memoria alguna del pasado en nuestros corazones…”, se está haciendo una proclama a la validez absoluta del presente, que entroncará posteriormente con aspectos del pensamiento filosóficos de los siglos XIX y XX. Bajo la apariencia de lo burlesco se vislumbra la Europa en agonía de los valores eternos de aquella burguesía.


Escribía Mozart que “…la música, incluso en las situaciones más terribles, nunca ha de ofender al oído, sin cautivarlo y seguir siendo siempre música…”. Este pensamiento del autor retrata perfectamente la actitud con la que se enfrenta a la creación de Così fan tutte y que le lleva a componer una música que se sitúa en un estadio superior a la de una parodia burlesca (y por lo tanto es muy discutible el género en el que se encuadra la obra, “ópera bufa” o “drama giocoso”). Consciente de la fragilidad esencial de la condición humana, a pesar de las circunstancias tan poco favorables por las que atravesaba, Mozart es capaz de dar a luz una obra dolorosamente risueña que en fondo supone un canto a la vida. Ya había expresado don Alfonso, en su lección que imparte antes del final del segundo acto, que los personajes en realidad son inconscientes porque actúan según su naturaleza y por “necesidades del corazón”. Quizá por ello Mozart los despide con ese  allegro molto final, lleno de serena reflexión, donde se afirma que el llanto y la risa pueden ser compatibles gracias a la primacía de la razón.

Todos los derechos reservados Opera Konsert